miércoles, 20 de julio de 2011

Lo tibio de tu mirada se convertirá en la nublada tolerancia de mi cielo, se transformará paulatina junto a los ojos que tengas sobre tu peso, sobre tu culpa indefinida. Llegará preciso el instante de mis brazos alejandote, de mi piel brotada de esperanzas que desvanecen cualquier monte sin dirección, de mi escencia derrotada por tu incapáz modo de amar. Se aproxima el fin erroneo y tus besos del olvido se perderan de mi rumbo constante; se aniquilaran por la fuerza de esta brisa que advierte aires que lleguen a resucitarme. Fallezco ante la desición de desterrarte de mi feróz tierra, de mi incesante pedido de un cambio que retroceda mis pasos. Jamás fue tan pertubador un sentimiento, jamás me desconcertó tanto tu escasa seguridad, jamás tuve que recurrir a la desesperada forma de tus letras. Hoy comienza el hilo que desencadene a amarte como un gran compañero que acompañó solo mi soledad.

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