Sonreirle al sentido del camino sombrío, atemoriza su llanto lejano que se abalanza sobre dedos despavilados, sin embargo rebotar en la tierra sigue siendo unión y amparo eterno. Caer en los brazos en su instante ardiente de color, devuelve el impulso sagrado. Sencilla es la marca de inicio, y asciende el sacrificio se retrazen o no los pasos.
Penetrar el estado del tiempo gentil, superar la mirada ajena en representación interna. Serenarse en la brisa pendiente, aterna competencia.
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