lunes, 5 de abril de 2010

Una gran fuente, un gran árbol lleno de savia y espinas. Un giro, un perturbador sonido erizando mis sentidos, ¿que serà?, ¿acaso es el eco de tu pequeña voz? si. El eco.
Sentida y frágil hoy puedo caminar junto con las voces de mi pasado, junto con los ayeres de mi inmóvil consciencia. Llevo a cuestas el aroma de una gran sonrisa, observo una linea y recobro valor, sentimientos.. los encontraré para poder modificarme a tempo con el viento. Jamás tendre necesidad de volverte a buscar, jamás treparé por tu espalda. No deseo jugar más, debo marcharme.
Analizo las pasantías de mi dolor y un falso incentivo argumenta. No hay nada, solo tus melódicas manos otra vez, sosteniendo, levitando mi pureza; solo tu dulce mirar aquieta esté, mi penar peculiarmente inexistente.

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